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BULE

DECADENCE TRIALS

Monday, November 24, 2008

 

(07) 02/01/90 21:30 CHINGATUR

En aquellos tiempos fuera de la pared escolástica, eran comunes las fiestas paganas de los adultos para emborracharse al son frenético de los indefinidamente repetidos discos de cumbias colombianas. Eran ellos un grupo compacto internacional, aglutinados sólo para diferenciarse de la raza nativa que los rodeaba. Caóticamente terminaron sacándose los ojos -salvo raras y escasas excepciones- ya que la mayoría eran adictos al deporte del serrucho(*). Eran un crisol de mentes maquiavélicas dirigidos por un recto espécimen -no por referirme a la parte final del intestino grueso sino por el desusado sentido de justicia y rectitud del Director. Mi padre. Poco futuro en las bolas de cristal de Don Roberto "Chosno" Boullon.
Se reunían en asados multitudinarios dirigidos por el mitómano Michael Acerenza en apartados parajes del parque Chapultepec o en los ámbitos deportivos del club Monte Sur, siempre cultivando religiosamente el rito gúlico y dejando el esfuerzo para los más jóvenes que a decir verdad poco hacían. Estos seres adultos poseían hijos con los cuales inevitablemente debía frecuentar. Los niños Trejos: Nazhira y Jóse "El futbolero de pasillos", con los que participamos de un aquelarre en un estacionamiento cercano a New Orleans. Ambos hermanos y pequeños culpables de quedarse sin regalos en la noche del 24 de Diciembre, por causa irrevocable al blasfemar contra el indecible "Pi Ar"(*). Casi no quedaban juguetes en los aparadores de los suntuosos shoppings de Loussiana en esa noche de víspera de Nochebuena. El "Pi Ar" se había vengado a su manera. Algo había que hacer para ahuyentarlo gracias a nuestro rito diabólico en la oscuridad del aparcamiento al menos sirvió para contrarrestarlo y no volvió a molestar en lo que restaba del viaje.
De vez en cuando aparecía envuelta entre los humos de la parrilla grasienta del club la figura esperada de La Nena Cárdenas, ese amor imposible a causa de la cronología desfasada. Una ninfomaníaca escasamente controlada que mientras se revolcaba con medio México sus padres le admitían sin chistar cada uno de sus caprichos -aun hasta el día de hoy aunque se acerque a la treintena de edad. Uno de esos últimos regalitos caprichosos fue una nieta-hija llamada Scarlet. que quedó a cargo del cuidado de sus abuelos Claudita poseía un gélido hermano: el ambicioso Mauricio, un ministro familiar con rey paterno presente como figura decorativa. El ministro pasó desde jugar aisladamente al foot-ball con botones y un counter de pasacintas como reloj (siendo yo su único publico) hasta programar detalladamente su exitosa vida futura. Frío y calculador, sabía de antemano lo que hacer para triunfar.
Y claro que llegó sin cuentas de conciencia por pagar.
Desde el interior de los matorrales salían nítidos los aullidos desgarradores del enano puto maldito Luis Pablo Acerenza Barea, infante insoportable que lograba sin esforzarse ser odiado por ambas generaciones. Un forro que se conoce desde que nace. Su voz de serie televisiva mal doblada, sacaba de quicio hasta al más sereno. Disfrutábamos martirizándolo hasta las lagrimas; especialmente Fabio, aficionado durante los asados al lanzamiento de huesos vacunos contra cráneos humanos imberbes (lo peor es que el gozaba en silencio, sin compartir sus proezas con nadie, siempre amparado por el anonimato). La voz del renacuajo también resonaba desquiciadamente en las playas de Vallarta, exigía como enajenado : -"¡¡¡ Quiero papaya(*), quiero papaya !!!"-. Al oírlo se nos cortaba la respiración y se encendían los mecanismos propios para devastarlo sin pena. Su progenitora era Betty, una flaca amarreta de dientes podridos; la que además de comprar lo diario indispensable (llenando un único anaquel de su refrigerador) para su propio consumo, se desvivía hostigando al pequeñuelo para nuestra dicha, cagándolo a pedos aún por el más mínimo error. Los colombianos muy circunspectos e incapaces de tutear en momentos de enojo, se horrorizaban al oír los gritos amenazantes del reptil materno cuando aullaba : -"¡¡Hijo de Puta, cuidado con lo que haces, mal parido!!"-. Pabluchi quedaba petrificado, quedándole como única opción mover temblorosamente el pie que distraídamente había apoyado sobre un minúsculo charquito. Luis Pablo padecía de una inanición permanente, siempre pedía un té acompañado de galletas mientras jugaba -bajo mi exasperante tutela- con mi colección impecable de Matchbox.
De una caja de ese alimento enharinado no bajaba ni en pedo el muy famélico y mamón.
Un solo ser pudo haber sido capaz de procrear tanta cantidad de semen desperdiciado, el artístico parrillero Miguel Angel Acerenza. Repugnante trepador, una persona que aprendí a odiar por motus propio, no como al mefistofélico Miranda. Enloqueció de todas las maneras posibles al Ce.bollón(*) (Cardenas Rights Reservedâ), llegando hasta las últimas consecuencias con sus intrigas todo para alcanzar su ansiada dirección del Chingatur. Pero eso jamás le quitó su condición de choto, de especialista en Marketing por folletín, de bailarín de ballet frustrado con geta de ganso; de adulador de pacotilla y YO-YO incansable. Hábil sólo para destruir, consiguió riquezas pero con el castigo de acostarse todos los días con una mujer que se le adivinaba la variedad del menu semanal; solamente al contemplar su putrefacta dentadura. Tardíamente apareció para adelantar el fin que se acercaba, Mateus Esnaola: un afeminado cagador que entró a las oficinas como por un tubo. Hacía las delicías de las chicas con su deporte preferido: criticar. Su homosexualidad fue encubierta con un casamiento en Costa Rica, despues de que ocurriese la inevitable Apocalipsis Cicatureña. Siendo todo Rococo, salió con una psicóloga que le dio la opción de aparente bisexualidad, pero por poco tiempo ya que debió sufrir la circuncisión a los 30 abriles. Mucho antes, yo tambien había padecido esa hermosa experiencia. Cuando lograron desatarme -tras un salvaje delirio en el postoperatorio-, la yegua de la enfermera no tuvo mejor idea que desgarrarme el taparrabos con tanta fuerza para conseguir sin pensarlo una puteada mía que llegó hasta su ancestral tatarabuela. Su estúpido argumento era el machacado "los hombres no lloran". Bha, tendría que haber vuelto a putearla.
Cuando sólo quedaban los vestigios de ese aglutinamiento de extranjeros llegaron informaciones que contaban que Esnaola por fin había parido un hijo (lo más cercano podría ser adoptado debido a su dudable virilidad). Ahora apenas lo recuerdo por lo único bueno que tuvo en su vida cuando nos presentó a Julio y Estela Cociffi -aquellos de los sweaters Iffi.
El Humor estaba a cargo del Conde Fabio Cárdenas de Medellín: siempre chistes geniales a flor de labios. Enemigo acérrimo de Acerenza, no le faltaban motivos para degollarlo. Coqueto al extremo de implantarse entretejidos que se decoloraban en su cráneo. Un animal con modales, que de poco le servían cuando comía sus huevos matinales, inmerso en un enjambre de moscas en el pueblo de Abazolo. Era la antitesis de Esnaola: un calentón nato, pero siempre de usted. Su gorda mujer, además de ser víctima de miles de dietas inútiles, sustentaba decorosamente una cornamenta de la san puta. Hasta se atrevió a montarse a Genoveva -una temible inmunda- con tanta naturalidad que tutti el mundi (incluida su consorte) se enteró. Capaz de engañar con soretes de plástico al restaurantero coordinador De La Garza y de regalarle a la mojigata secretaria Maty muñequitos con vergas descomunales, como si esta fuera una posible forma que pudiera fantasear con la propia de Esnaola. Con un dispositivo fantástico que agrandaba el órgano cada vez más en su febril mente de enamoradiza solterona, Maty jamás pudo aproximarse pecaminosamente a Mateo, a no ser en las ganas de sus intenciones. El conde era un alcohólico cercano al deliriums tremens en Vallarta se quedó llorando por una leve herida sangrante bajo una nube de vapor de su baño de hotel. Beodo, totalmente hasta atras y tratando de despejarse, se repuso a medias para poder ser entendido por un publico expectante, ávido de conocimientos, que esperaba su aparición en no menos de 15 minutos. Para 2 largas horas de Estadística a su cargo.
Entre las consortes de los cicatureños no resaltaba Giselle Trejos: sintética narigona, insulsa e indiferente, importante sólo por ser parida por su Madre: Berna, la domadora del circo Sarrasani, la amorfa bestia que adornaba su frente con un irreverente mechón claro de luna. Con inclinaciones perversas, esta Tongolele posnuclear afirmaba -sin remordimientos- que los hombres las preferían gorditas y acentuaba sus palabras mientras se fajaba indecorosamente al yerno, ambos totalmente en pedo. Su inocente yerno Rafa, era lo que se puede decir un pobre dolobu; un ex barbudo que decían las malas lenguas que cojía sólo para procrear respetando su religión inculcada con fervor . Un montesuríano tenista de plástico, que lo más particular en él, era fumar en pipa. Tan buenito como aparentaba también resultó ser una basura tapada. Las apariencias engañan casi siempre.
Pero también otros personajes de esa oficina aparecieron con baja frecuencia en mi vida :
Gloría y Nestor: ella terminó artrítica dándose baños cannabicos de chubis, de el solo puedo decir que poco dijo porque jamás lo escuche articular palabra. Marisa y Edgar: un indio tipo Monzón, con una P de O(*) a cuestas; famoso por que estuvo a punto de fornicarse a un blondo travestí. Casado con la brassuca Marisa dieron origen al pardo e insoportable Diego. ¿ En mi honor ?. Ella tenía ese tipo de Psico-bolche-hippona, de las que le importa todo un carajo. El no estaba esteriotipado pero también le importaban muy poco las cosas, lo más importante para él era encarar lo demas era del todo accesorio. Tenían una casa por el Ajusco, que terminó destrozada por un pedo ejidal(*). Lo mismo que ocurrió con su matrimonio, pero no por los terratenientes, sino por ellos mismos.
Edgar el tonto, prefirió optar por una costarricense banquera.
Por aquellos prados del Ajusco había conocido a un tal Hugo, brasilero y con una hija de 8 años de excelente futuro. Ataviada con una tanga poco adecuada a su edad pregonaba -según Nazhira- que deseaba ponerse en bolas frente a mi.? Esas tendencias exhibicionistas no estaban para nada de acorde a mis tiempos; así que por ¿suerte? había perdido una nueva oportunidad. Hubiera quedado un poquito mal, quedarse inerme y contemplativo, frente a alguien que presuntamente poseía toneladas de experiencia sobre dichos menesteres voyeuristas. Ni pienso explicar lo que se me hubiera ocurrido en la actualidad. Mas tarde me enteré por Simone -otra apetitosa paisana y liberada novia de Paco Valero- que también los conocía. Dios los cría ...
Según informaciones recientes, creo que se hicieron bosta en alguna ruta desierta. Un desperdicio considerando las vueltas de la vida. Si por algo me destaqué fue por lo gallego terco, sino pegúntenle a la mayoría de mis desastrosas y conflictivas persecuciones.
Las esposas derrochaban su tiempo en interminables canastas de 17 a 1 AM. Las jarras de cuba libre rodaban debajo de las mesas sin cesar. En uno de esos Viernes memorables, tuve la oportunidad de admirar como Figarella Senior se bajaba una entera de Brandy Fundador sin inmutarse; sin siquiera pestañear y continuando con su ya conocido y cansador monólogo. Al grupo original de tahúres se fueron agregando pintorescos personajes. Una cubana imbancable que la había traído Melba la que se destacaba de las demás por haberse arriesgado a parir en las madurez de sus 40. Madre de 2 hijas abominables (siendo la mas gruesa, además adoptada), esposa amante del ex-cura profesor Agudelo (que decían que se aplicaba alcanfor en el miembro para evitar erecciones durante el dictado de las sagradas misas) y propietaria de una pinche quinta denominada Macondo. Los Agudelo formaban parte del matrimonio al que una vez robamos las calaveras(*) de una flamante combi, sin que ni siquiera nos hubieran avisado de su reciente adquisición. Siempre un vaso rebosante de elixir embriagador estaba en la pose sión de Teresita, inolvidable porque siempre transportaba a cuestas una espesa plasta de maquillaje. Esporádicamente nos deleitaba una amiga de Giselle, a la que tuve la dicha de verle el gato asfixiándose dentro de unas pantimedías Dorían Grey; y hasta la Tía Alcira participó pidiendo a gritos enardecidos un té vespertino de Boldo, ante las miradas sorprendidas de sus borrachas compañeras de juego.
Las secretarías llamaban al Chosno, dulcemente, Arqui. De ellas además de la enamoradiza Maty, recuerdo a Sol y a Cecilia -gran borracha con inclinaciones lésbicas por su afición al canto de Chabela Vargas(*). Una machorra en celo con todas las de la ley, a la que nadie le podía seguir el tren en cuestión de chupe. Nada parecía derribarla. Ellas idolatraban al chosno mientras el ego del susodicho era continuamente alimentado ad libitum (valga la redundancia). El Arqui hacía varias excursiones con sus alumnos, y hasta yo participé en una de ellas a las tenebrosas grutas de Cacahuamilpa, eternamente inundadas de excremento de murciélago. Quedó grabada en mi memoria aquella estalagmita fálica titulada "Saludo al Presidente" y por esa de las relaciones la imagen me lleva a la de un burro que deambulaba ansiosamente por el campamento. En la combi de excursionistas notaba que mientras un flaco -al que que apodé Bulbos- jugaba insistentemente al pendejometro, una obesa y amorronada peruana se derretía de ganas por que los otros ocupantes del vehículo desaparecieran al instante. -"Al fin solos"- se le adivinaba que pedía en sus plegarias mentales. Pero sus anhelos no fueron cumplidos, las contra plegarías de Bulbos para que no le pasara por encima ese Trailer de Lima resultaron más eficaces. El amor no triunfó, pero jamás olvidaré como subía la temperatura interior de la cabina cuando aquella cerda jaspeada comenzaba a acalorarse cada vez que hablaba su objetivo de deseo. Por momentos el calor era inaguantable. Ahí si que aprendí eso que llaman calentura.
Hubo mas viajes por esa época. Emprendimos una larga expedición por Baja California, al idem sin el baja, a Nevada y Arizona, acompañados de los Salvato más longevos. Ahí mismo fue donde se despertó mi interés por recopilar anécdotas en una ya perdida libreta Scribe. Para que no se ocultaran en una remota y poco memoriosa zona del cerebelo.
Por ello, sólo puedo rescatar de ese viaje, las puteadas que quedaron marcadas a fuego lento cuando mi abuelo vociferaba. Lo único que se podía percibir de él: su voz, ya que toda su humanidad quedaba cubierta por los embalajes del gigantesco Estereofónico pedido por el molesto Cores antes de viajar.
Con los Salvato más jóvenes, por el 75' fuimos al Caribe mexicano, con Cancun en construcción. Al promotor Bojorquez se le calentaron las orejas -por las maldiciones lanzadas contra él- ya que por su culpa terminamos en el magnifico cuchitril del Sr. López en Cozumel (1/5 de estrella). Además, fue imposible ingresar a Belize por inconvenientes de aduana, y hasta el día de hoy el viejo sigue puteando a Medias por no haberse sacado la visa. Recuerdo ese nefasto fin de año, con confituras de lima y hamburguesas de pan lactal recortado circularmente. Rememoro la pasión desenfrenada y al mismo tiempo apaciguada de Popi y Mónica, situación que se vio casi totalmente congelada cuando en vez de pata fue garra de gallina sumergida en una sopa y trágicamente agravada por el nauseabundo olor de las tortillas de masa de trigo sobre su delicada nariz de porteño remilgoso. Todo giraba alrededor de mi única obsesión de no ensuciar el respaldo posterior del Maverick y el paisaje de los arácnidos que nos acompañaban desde el techo de los comederos que íbamos dejando atrás. Los magníficos hospedajes consistían en aguantaderos con infectos cagaderos, cuyas puertas eran cortinas de carnicería. Había que usar el snorkel de observación submarina para poder respirar dentro de la misma habitación en “suite”. Ni hablar dentro del mismo baño. Igual, no había problema, ya que Papá dirigía un centro de capacitación turística adscrito a la OEA. ¿Para qué preocuparnos, si estábamos convencidos que nos deslizaríamos entre el lujo palaciego del caribe?. Flashes que golpean la sesera para siempre: Chosno con remera quemada con ácido de batería o asustado por una barracuda o harto que Mr. Orden se quejara que no podía mear a alta velocidad (no había escalas en ninguna estación de servicio sino existía la necesidad de recargar combustible) o amarradito de la mano de la esposa de su cuñado mientras buceaba alegremente. Calabazas para cantimploras, vidrio visor sobre fondo de lancha, conchas marinas gigantescas extraídas de su descanso inmóvil, patadas somnolientas a Popi por hacerse el caretón (debido a que no era yo con el que él realmente deseaba dormir), calcomanía de un cuervo de las bolsitas de crocantes Fritos adherido a la cámara Nikon.
Hubo un último viaje -por el que me sacaron intempestivamente de la Primaria Ramón y Cajal- con el matrimonio Salvato-de Baeremaecker y su primogénita Natalia. Seaquarium, Howard Jhonson Míami's Downtown Hotel, Walt Disney World, Orlando, Bourbon Street. Mucho topless y bottomless que alcanzaba a espíar tras las bamboleantes puertas de los pubs repletos de vicio a precios razonables. Una pregunta me carcomía insistentemente:
¿ Porque no podía ir a las House of Joy(*), si había tantas ? ...
De Flipper nadando en el cristalino acuario ni me acordaba, había cosas más importantes que debía que aprender.

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Tuesday, November 18, 2008

 

(05) 02/01/90 0:00 Outside White Walls

Todo se reducía a estar fuera aunque fuera por un rato.
No parábamos con el desmadre. Dicha evidencia esta documentada en las boletas del R&C = Bad conduct, Excellent notes. Eso admiraba el viejo; que su hijo fuera un gran hijo de puta pero con tal que no lo jodiera a él, sino me derivaba a la categoría de persona non grata.
Pretendíamos ser orates, aunque a Huguito siempre lo castigaran hasta el punto crucíal de marcarle las piernas a cintazos para luego obligarlo a usar cortos pantalones cuadriculados que mostraran esas hermosas ofrendas lacerantes. Le estaba prohibido llegar a Ejercito Nacional, a sólo 3 cuadras de su casa por si algún auto tenía pensado el arrollarlo. Mientras Huguito usaba los cortos, Andy Panda prefería uno bien largo de color morado, con elástico tipo pijama, mas útil para robar.
Robar, palabra mágica.
Era lo prohibido. La técnica convencional era ocultarlo entre los huevos (por eso lo del elástico) y así naturalmente una amplia gama de artículos se coleccionaron, pero siempre respetando la fuente: Avioncitos de Woolworth y estilográficas de Liverpool. Había que tener conducta. Mi padre -un gran Cerdo- nos alentó tanto que hasta llegamos a planear un gran golpe, del que fui cómplice pero nunca toqué la mercadería. Después de exaltarnos con nuestra primera película erótica "El sexo me dá Risa" (una película mexicana que me gustaría volver a verla, causa de que mientras mas envejecemos pocas cosas logran ya sorprendernos), así caminábamos satisfechos sólo mentalmente, cuando al tropezar con vidrios rotos ahí vimos la ocasión que no podíamos desaprovechar. De pronto nos vimos buscando nuestros skates por si había que escapar de la escena del crimen.
Todo pensado en nuestras inocentes cabezas.
Los artículos de cuero llegaron a ser poca cosa, por lo que Hugo penetró en el interior para robarse el stereo de música funcional de aquel local. Mi Madre fue la mayor beneficiaria y mi Padre todavía sigue usando aquellos cinturones Hitchcock de antologia. A mi no me dió la cara irme a confesar por pecar en contra de algunos de todos los mandamientos. Sólo logré entrar al confesionario unas 3 o 4 veces en mi vida, Dios me daba miedo porque me castigaría sin miramientos, producto talvez de una pésima formación catequista. Sin el intermedio de apariciones divinas que me devolvieran a la senda del bien, acabé mi carrera delictiva cuando me cacharon en la Comercial Mexicana, oculto entre los aparadores tratando de robar un encendedor de mierda para el Renault.
Maldito pelicano(*) me terminó de fundir.
Jugábamos con el tira-papas siempre prestado (ya que nunca encontré donde lo vendían): un adiminículo con el cual era posible derribar o herir seres humanos ingratos con proyectiles de puro almidón crudo. O si se perdía (perfectamente probable) disparabamos con un condón de globo ensartado en un carretel vacio de cinta scotch, el cual era usado para el lanzamiento de rechonchos frijoles contra nuestros enemigos. Pero nuestra arma predilecta era la resortera. Ocultos tras un matorral del Liverpool, logramos destruir sin esforzarnos un parabrisas del lado de un confuso copiloto -que resultó ser una madre con un ingenuo párvulo en sus brazos. El conductor enfurecido (masculino y esposo y padre) fue tras los culpables. Yo caí en sus manos junto con Andy Panda, cerca del copetín al paso "El Tente en pie" (su mano en mi pelo, mas exactamente), mientras Huguito con sus hot pants trataba infructuosamente de saltar sobre un arbusto de 2 mts de ancho.
Por un alarido desgarrador nos dimos cuenta que no lo logró.
Atrapado a la mitad, con las espinas entre sus desnudas piernas de colegial uniformado.
Su captor consideró que ya había recibido un castigo ejemplar por lo que lo liberó de la reprimenda por mano propia, abandonado y retorcido de dolor agónico entre las hirientes ramas. Pero no conforme nuestro Señor el Altisimo con aquel estigma, volviendo al hogar una botella cayó desde el vacio a pocos cms. de nuestros pies. Motivo mas que suficiente para que el mas perjudicado (Huguito) lo exagerara al mango. -"Fué una señal"- sentenció dramaticamente. Sin embargo, apesar de la advertencia divina no nos alejamos de la vida criminal hasta que terminamos por aburrirnos de la facilidad con que concretabamos nuestros impensados delitos. Mientras tanto nos decidiamos, preferiamos entretenernos recolectando numerosos cascotes para ser lanzardos desde el balcón del 701 contra los lomos de camiones llenos de pasajeros, rodando lentamente por la avenida Maríano Escobedo. Nuestras debilidades militares tambien eran satisfechas proyectando hacia la nada globos henchidos de liquido elemento. Así destrozamos nuestro segundo parabrisas de un vecino del edificio, pero en busca del tercero la bola de agua se reventó a medio camino sobre la alfombra recién aspirada. Blanca se desquitó contra la geta de Andres, la que nunca en su puta vida podrá olvidase. De lo que me tocó a mi, mejor ni hablar alguna plataforma de corcho con pésima puntería tras un chillido histérico.
Repartíamos nuestro ocio en las luchas, de las cuales participaba mi Padre y hasta se atrevía ocasionalmente un compañero de su oficina: el dudoso Gordo Ambros, el cual parecía tener intenciones más manuales que deportivas. Suspendidas estas diversiones con adultos pocos confiables; Hugo y yo, llegamos hasta romper la matrimoníal de su cuarto de huespedes, horrendamente adornado con dudosa elegancia, por enormes calcomanías de Silvestre y Piolín en tamaño Maxi. El gato y el canario debían adivinarnos entre las sombras cuando se apagaba la luz en la llamada sesión de "Gritos y susurros bajo la oscuridad de Bergman"; cuando me tocaba proponer el devastarnos en aquel aquelarre, siempre era un desternilio de risas más por causa de mi inhabilidad para pronuncíar la maldita "R" que por la expectativa de despedazar al contricante. Gritos y susurros era casi siempre acompañada de una infaltable variante con almohadanazos o pelotazos, hasta llegar al desplume final o lograr alguna ansiada rotura intercostal. Lo que viniera primero ...
Empecé a aficionarme solitaríamente al Uruguay Park, acompañado fielmente de mi bicicleta verde comprada en alguna escapada por Texas (aunque envidíaba la MX Murray del Granoline, por llevar freno a pedal). Poco recuerdo de esta primera etapa parkesíana(*), sólo una semibanda que se consolidó en etapas posteriores. Estaban Fabián y su hermano -compatriotas y dueños de "Ñandu": especialistas en empanadas y otras menudencías rioplatenses; y tambien pasaba circunstancialme un ser regordete que llamaban "Chileno" y sin que ninguno de los dos lo supieramos, él me acompañaría en la mayor parte de mi adolescencia.
Tendríamos que esperar que la etapa del parque viniera por si sola. Todavia no era su tiempo.
Prefería que los amigos pernoctaran en mi casa, ya que ahuevaba el dormir en casas ajenas, especialmente en la de Andrés; aquella que habitaba debajo del puente de Escobedo junto a la heladería Danesa de 33 sabores, ese hijo de su temida y extraña Madre, primo de Nidya y dueño del cocker "Mota". Su Madre, una aficionada a la pintura pop- dibujaba siempre adornada por un grano junto a su boca, que había transferido hereditaríamente a su vástago. Su presencia me inspiraba más que miedo, dada su apariencia de casquivana frekeada. Su casa expelía un olor característico e indefinible, que obligaba a permanecer sólo el tiempo necesario.
El tiempo necesarío para cambiarse de ropa.
En el desván nos transformábamos(?) para la época de Haloween; venía la esperada disfrazada(?) para el Trick or Treat(*). Al Panda le encantaba ese misticismo, se enmascaraba como un pirata negro cubierto de tizne de corcho. Yo de nada: la vergüenza y timidez continuaban siendo una parte elemental por aquellos días. Para nuestro deleite tambien participaban agunas feminas de esta inocua tradición yanquee; una tarde junto con el retoño Huguito desperdiciamos la mejor oportunidad de realzar la imagen de Sir Walter Raleigh(*). Desaprovechamos el poder protegerlas, cuando unos monos muchisimo más grandes que nosotros ridiculizaron a Cecilía, Yemi y Mayra vestidas de seductoras fantasmas. Desde chicos aprendimos bien la lección de quedarnos en el molde.
¿ Para que buscarse gratuitamente problemas ?.
El aire chifleteado entrando por la rendija de las ventanas, me hacía preconizar la presencia de la Santa Muerte tilica y flaca(*) de Peralvillo;.especialmente un día a media tarde -mientras veía Flipper por canal 8- en que sonó el teléfono.
Todos esperaban el ring, pero yo no sabía nada.
Una patada en el Culo. Mamá Rosa había fallecido. Nunca antes había experimentado ese vacio, esa sensación de nada que en esa tarde sentía. La abuela la llevaba a cuestas hacía tiempo; pero nosotros, los vivos nunca nos acostumbramos a ella. Esa noche casi me meé -por el miedo a entrar en la oscuridad para un aliviador desagote de próstata- tal vez porque lo que le había pasado a mi viejo, algún día me iba a ocurrir a mi. Con el tiempo volvió a aparecer esa sensación pero no era por los otros, sino por lo que seguramente me iba a pasar a mi dentro de un tiempo.
... Caía en un abismo sin saber de donde agarrarme ....
Ni mi psiquiatra más adelante me dejó satisfecho.
Me consolé pensando que nadie se salva de eso, aunque Umberto Eco no me había hablado por entonces de la inmortalidad del Conde de Saint-Germain. El pedo existencial disipaba lo poco de incredulidad que era preferible conservar.

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Friday, November 14, 2008

 

II- ANGUS (04) 01/01/90 23:30 Ramon & Cajal

Entré por Diciembre, a mitad de curso. Dudas inciertas torturaron al dudable coeficiente mental de las gallinacea directora. Ella no sabía, si por terminar tercer grado en Argentina debería pasar a cuarto año en México. Fué imposible explicarle a esa pobre mente reducida -e inepta para conducir un colegio- que yo debía estar no según un numero, sino por mi edad correspondiente (no estacional). A causa de mi elemental Inglés, fui conducido a clases particulares con mi propia maestra; por lo menos así nunca en la puta vida me podrían cagar. Aunque atrasado en lenguas extranjeras, solìa hostigar a mis compañeros hasta el hartazgo con la hartante y repetitiva pregunta de :
-"¿ Como mierda todavía no les habían enseñado el diptongo ?"-.
Realmente quedé admirado por la exhaustiva busqueda educativa de Blanche & Robert, era el primer colegio mas cercano en linea recta desde la calle Horacio; si hubieran tomado por Campos Eliseos en vez de Masarik hubiera terminado en el colegio Ciudad de Mexico. Pero el destino estaba marcado, debía entrar en ese antro de perdición. Al traspasar el zaguán -mas parecido a un alojamiento de alta rotatividad que a otra cosa- las clases se repartían entre habitaciones de exóticos colores. Subí a Cuarto año y luego decidí bajar a tercero, por lo menos si me iban a ridiculizar, prefería estar parejo para poder pelearme a mi altura (aunque no fuera muy suficiente). Cuando llamaba a mis pendejas compañeras "queridas", se me cagaban de risa sin dudarlo y mis pares masculinos me martirizaban con el machacadisimo:
-" Como te llamas ?. Diego Roberto de que te importa"- se respondían ellos mismos inmediatamente, con una insoportable estridencía y un muy mal imitado acento argentino de cuarta. Sólo un tipo quedó imperturbable -tal vez por su parcíal sangre sudamericana- y fué este el primero en presentarse ya que "Colombían Red Point"(*) había preferido la inasistencía de la que despues me acostumbraría con el tiempo. Esa primera y verdadera mano proveniente de un ser de pantalones cortos cuadriculados equivaldría a 10 años de desmadre(*) continuado, sin una puta pelea (ni interrupciones). Ese ser imperturbable era Hugo, Hugo Figarella, H.F.quinto, Hugui, el Pollo, el Meztizo, Mezty Lou, El retoño: El hijo del Ogro. Todos en una misma cabeza. Un atemorizado esclavo de un patrón de su misma sangre; un alcohólico en potencia por ese entonces y un ahora actual miembro de A.A. no reconocido; el único chilango que se bancó mis locuras y malos genios sin inmutarse.
Todos ellos en una misma cabeza no psicótica. Para lo otro estaba yo.
Despues de esperar el camión (?) que me recogería, desesperado por si llegaba tarde a mi 2do día de clases, apareció el lado faltante del tríangulo que siempre permanecería formado (sólo suplantandose uno de los lados, con el correr del tiempo) : Andres, Andres Gomez, Andrés Gómez Marulanda-Marinela, Andy Panda, Andresito Bombocito, Granoline. Opuestamente al anterior, el control sobre su persona era inexistente, su Madre prefería pintar grotescos y coger con su macho de turno, mientras su prima Nidya -voluptuosa adolescente- gustaba de caminar indecentemente en chabomba y ñocorpi(*) entre los muebles siempre llenos de polvo. Nos separamos en la secundaria, él se perdió en el "Si eres tiZo y burgues metete al Holandes". Y Siguiendo el refrán al pie de la letra, comenzaron sus víajes al pais de origen de la droga. Cayó en la inmundicia como toda la masa mayoritaría, terminó en la gayola(*) mientras se metía cigarrillos de cannabis en el interior de su Afro-Look de 20 cms. de espesor en los que culminaba sus casi 2 mts de altura.
Pero Hugo (y despues J.P. como suplente del trio fatal) merecen mas que un parrafo: aparecieron continuamente; se habían instalado definitivamente.
Ya nos habíamos mudado a Horacio, y observé como la situacion financiera cambíaba celericamente: color TV, car road, imported domestics & buzz(*). Un Galpón para deambular, Maverick para Transitar y verdes para acumular. Chau a la caja de rueditas de la calle Guido. Ese gran espacio trajo la visita de familíares con el consabido tour a puntos históricos: pirámides tenochtitlanas, catedral tepozotlana, bazar sabático, ruta Cuernavaca- Taxco-Acapulco; si hubieramos cobrado cada una de las repeticiones ya tendríamos una agencia de víajes a todo trapo.
Pero hubo gente que apareció y nunca mas supe de ellos. Charlotte, prototipo alemán de la perfección aria (pero no física). Era el cerebro mas avanzado, pero su precio tuvo que pagar porque planchaba en las fiestas de la primaria mas que un marrano deshauciado. Con su flaco cuerpo hacia atras y los bifocales culo de botella fijos en el cielo raso, mientras la musica sonaba. Marina, mi primer gran amor mexicano frustrado. Las rusas Cecilía Saba (yo era su uvita para ella) y Yemi pret a porter (descubiertos sus encantos con poco tiempo para actuar y una tradición semita para contrarrestrar). Mayra, verduzca jamonosa(*) de noviazgo ínfimo, producto de la única carta que me había enviado un ser de sexo contrario al mio (Boullon siempre lenteja). El "Hongo" Montalvo y "Rino" Giusseppe, colonos del Uruguay Park, fueron más que necesarios para que permitir mi ingreso a aquel mundillo de vegetación. Cesar Lanzagorta, precoz degenerado, activo camorrero que odiaba a su homónimo por que decía que era putisimo (era mejor tenerlo de amigo, al primero y no al otro). Marcos, el 1er informante de la chaqueta(*) por los armarios de la YMCA; se valía de una tecnica poco convencional: el frotamiento aumentaba por la intensidad de la fricción contra la superficie rugosa de cualquier corteza arborea transformada en pasta quimica prensada (Papel). Otro recordado era Chava, por el que emprendíamos la aventura ciclistica de agotarnos hasta Teca(*), con el sólo fín de conseguir revistas de las chivas del Guadalajara para copíar modelos de caricaturas. Chava Poseía lazos sanguineos con Joe, una puta avanzada de 5to grado que pretendió exprimir el falo de Huguito, pero que sólo se quedó en la proposición porque del taller del patio quedó unicamente ella mirando absorta uno de sus tantos rechazos. El turco Moises, calenturiento como ninguno, que a la tierna edad de 12 años reclutaba gente para ir a lo que yo entendía como burgues-burger(?). ¿Adonde?. Con los años nunca supe si necesitaba un burdel o sólo quería sacíar su apetito con una hamburguesa del Burger Boy.
Los odíados del establecimiento, por el poder de ser los primeros por arriba nuestro: La Rana Rene, era tan asqueroso que no conforme con castigarnos se cagó de risa cuando con su hermana menor asistí a mi primer liturgia acompañado de dos en fondo , aunque yo aseguraba y aseguraba que me encontraba en mi 1ra comunión (lamentablemente hay fotos como evidencia irrefutable que debería haber quemado). Identicamente rubios y dorados Alex y su prolongación femenina Alexis, identicamente petulantes. Pero el más torturador de los que estaban por debajo en esta escalera de violencia era Javier Coto "Cotizo", un adinerado europeo lisiado, maquiavélico y sádico que gozaba destruyendo canillas humanas con sus metálicas muletas durante los torneos de futbol. Aquellos partidos sin goles y con única meta del estallido de los vidrios del ventanal, sólo para el posterior robo del mastique(*) y así disponer de nuevas roturas intactas. Romper y volver a romper para acumular sin uso especifico más y más insulso relleno que mantenía firme a los vidrios.
Otro de los placeres de Coto era invitar a fastuosas fiestas en su fortaleza, para jugar fut en la bajadita o disponernos a un chapuzón mientras que embutidos en nuestros bañadores esperabamos la ya conocida negación de la oferta. Parado apenas mientras expelía un olor acre (producto de cantidades siderales de hormonas que adultizaron su cuerpo) se zambullía removiendose en el liquido elemento cual renacuajo, mientras que los renegados solamente podíamos limitarnos a observarlo. Sólamente le era fiel una bestia subhumana: Neto, guardaespaldas descomunal del que nunca supe si era capaz de articular monosilabos o gruñidos. Era dudable el averiguarlo debido a que con 15 años continuaba inmovil en 6to grado. Coto no tenía problemas, con su arma de lisiado se dedicaba no sólo a lacerar, sino a satisfacer sus desordenadas fantasías sexuales a tal grado de que sin empacho se masajeaba la prostata ante la presencía de una absorta rubía -argentina maestra de ultimo año- y de 30 o 35 alumnos ya acostumbrados a sus extravagancías repugantes.
Siempre fuí un tragaldabas matado(*), siempre una banda colorida competitiva me esperaba al fín del ciclo escolar. Fuí el único extranjero que portó la insigne patria con un sólo guante, ya que mi otra mitad se movía ritmicamente del otro lado de la escolta. En los Domingos de shopping, sólo se consiguen un par -nos habian dicho nuestras señoras madres. Uno para Hugo y el otro para el extranjero que puteaba silenciosamente ese Lunes en el transcurso del acto civico. Siempre muy organizados y unidos.
Era facil conseguir triunfos intelectuales, había que aceptar el "Sorry but I don't know" en las parodias apocalípticas de examinación oral -una frase inutil ya que todo era aprendido de memoría al final. La escuela me llevó desde enamorarme de mi maestra de 4to año -Monica Echevería- hasta putear a la de 3ro, consiguiendo estremecimientos y una expulsión respectivamente. La hija del Presidente de turno(*) excitaba a las bestias con besuqueiros, apapachos(*) y apodos cariñosos a toda hora, del tipo de "Pierre Bombom" o "Pierre Tonton". Haciendose la Brigitte Bardot aunque fuera morocha, netamente aficionada no sólo a los pequeños escolares sino a enormes futbolistas con los que aseguraban que se revolcaba con más de uno a la vez. Su imagen chocaba contra la pantagruélica figura del chofer de la cabina de transporte. Un cachalote en celo, descomunalmente inmundo, idéntico a John Lennon despues de su viaje acidérico por la India. Ataviada con botas texanas, la lechona se extasíaba al mango con el cantante Raphael que adornaba todos los tapasoles de su sucio vehiculo. Todo esto nos llevaba facilmente a concluir que era una probable y no declarada onanista, sin dejar de olvidar ademas como prueba irrefutable, los millones de cuerpos bien provistos y contorneantes que tapaban la minúscula habitación (respecto a su tamaño) que ocupaba en el piso máa alto del Ramón y Cajal. Su imagen vista desde la caja del vehículo se resumió felizmente en uno de los tantos viajes de regreso a casa : simplemente, era "Celestíal", tan grande como la inmensidad del techo azul que nos cubría ...
La ventaja de haber cambiado el camión por la camioneta era más que evidente, estar al lado de Nazhira. y más aún cuando sus pedazos blancuzcos de carne se asomaban desde arriba, tapados por un horizonte gris ínfimo de una diminuta falda opaca, sobresaliendo por debajo sus almidonadas medias que apenas parecían traspasar la rodilla, con tersura aún más blanca que la diáfana piel que cubrían. Esas imágenes siempre se magnificaban, ante mi retraso voluntario en el descanso anterior de la escalera o se dibujaban siempre que recogía inexistentes lapiceras por debajo de la mesa del bar "El Tren" mientras se me atragantaba una grasosa hamburguesa casera. Fue mi segundo escarceo -no tan infantil- despues de lo de Maria laura Sea; pasé desde escondernos semidesnudos en un placard con olores inciertos a jugar al inventado muñeco inmovil. Nazhira la tenía más que clara, ya que bajaba cada vez más asiduamente al 701 para enseñarme como había que exprimir la bolsita de te, sin pensar que dejaba solo a su hermano Jóse divirtiendose a destruir el depto con su balón y a su madre Giselle, que sin importarle el caos hogareño se atavíaba con su infaltable vestidito de tenis. Con la raqueta en mano contaba que cuando era maestra en Costa rica el inocente alumnado se pasaba a primera fila para ver como cimbraba sus nalgas cuando escribia en el negro pizarrón. Set point. Mientras mas hablaba mas se me apretaban las fantasias contra mi perturbado cerebro en franca degeneración. Game over.
Todas lo son en mayor o menor grado. Putas reprimidas o en vias de serlo -aseguraba el primo Alfredito que decía conocer al otro genero.
El colegio ofrecía diversas y pintorescas atracciones: desde oir de la gallega la forma de obtener desparejos dibujos con la tecnica del rascando, rascando o practicar rutinarias e inservibles caligrafías, aunque ya algunos de los alumnos portaran barba hasta pelearse siempre que hubiera chance: espectacularme a empujones con Cesar "el Topu" derribando todos los enchapados bancos de 3ro (como en una película de Clint Eastwood de la noche anterior) o certeramente con un puñetazo contra el mismísimo diente frontal de Humberto "el Culón", pero con el agravante extra de sus persecuciones molestas para que le abonara la factura del dentista.
Si te la voy a pagar ... Espera tranquilo.
Jugabamos al burro y a las coleadas por la sola diversión de contar cuantos cuerpos quedaban aplastados contra los ridículos payasos que adornaban la pared cuarteada del patio o asistiamos a anuales eventos Kermessianos(*) para que la anciana directora hurtara billetes a más no poder. Por aquellos tiempos Papá Figarella decidió que su hija -la princesa arabe Xiomara- debería ser reina de belleza a cualquier precio. Despues de un infructuoso intento en la venta de 10 boletos, no dudó ni un segundo en comprar toda la existencía, mientras a su hija la teñían de blonda gabacha. La belleza se medía por la cantidad de entradas que conseguía la candidata o en defecto su padre. Era una especie de remate en las afueras de Saliquelo. Por supuesto el jurado oJetivamente no dudó en decidir ante tanta hermosuraa. Mi Madre tambien entró al baile a pesar de mis lamentos típicos de amarrente, con el grave error de regalar una tella(*) de Regal para ser rifada. Nosotros terminamos los estudios y la directora siguió con tesón sus actividades ílicitas. Agotó paulatinamente con los estado de cuenta de sus clientes hasta que ya con un buen fajo de morlacos, dió el toque final con el robo de todas las colegíaturas de inscripción de ese año lectivo que todavia ni había comenzado.
Ahora en vez de uniformes azulgrisaceos, hay un desarmadero en esa esquina donde se cimentaron mis primeras enseñanzas.
Extraescolarmente pudimos asistir a la fiesta de la deseada (por todos sin exepción) Rusa Saba, se jugaba al pelotudusimo juego de la Viuda bajo un tenso tríangulo infantil de persecución amorosa. Yo atras de ella, mientras que ella le mandaba cartas que él quemaba ante mi envidiosa mirada. Mucho más viejos no topamos casualmente -pero ahora con 16 muy notorios años- como era previsible no nos dió siquiera la hora. Otro amor platónico que quedará en la historia, como había ocurrido con la trabajosa transcripción al papel de los profundos sentimientos de "Rino" Giusseppe en un carta de declaración de amor pero con la unica premisa de tratar de sintetizarlo lo mas facilmente posible Como para que no quedaran dudas alguien leyo:
-"¿ Begonía, quieres ser mi novía ?" -como para que rimara, como para ir direito al grano. Pero como con el amor no se come y menos se engorda, Marina y Charlotte preferieron dedicarse a vender comics a los pobres ignorantes, que andar con esos jueguitos de miradas. Nosotros a módicos precios nos conformabamos con las figuras, ya que apenas y podíamos articular un obsoleto Yes. Ellas se escondían para contar las ganancias.
Lo más pintoresco se encontraba en lo histriónico, desde el Jarabe Tapatio en algun evento nacional hasta los canticos tradicionales del tipo "Ay mi burrita - Ay mi chu"; siempre dirigidos por un bodoque ancestral que sólo podía llegar a las teclas del instrumento con una guía telefónica sobre sus arrugadas nalgas. Mientras berreabamos como descosidos, deseaba fervientemente que llegara ese puto día en que no fuera el primero en la tomada de distancía y pudiera dominar alguna vez mis enloquecidos pelos de fuente con otra cosa que no fuera Spray Gillete para vencer al discolo remolino. Todavia te estoy esperando .. y ahora ni siquiera me atrevo a entrar a una peluqueria.

No existían eyaculaciones, ni siquiera un diminuto piquito; ! Bha !, quien los necesitaba, si existían los gansitos(*) que valían un vil peso (ya que por suerte todavía no nos afectaba la inflación).
Los últimos grandes desconocidos de siempre, a los que a algunos continué viendo despues en la secundaria: Andres Gonzalez alias "La Ucha" alias "Cachorro de león: Noble y primitivo". Empezamos a estudíar para el examen de ingreso a la secundaria y despues de la sesión intelectual nos reventabamos en los quemados(*), ritualmente siempre una hora antes que este negro ser, regresara a su habitáculo al lado de las quecas(*) de Ma. Isabel. Tenía una gran atracción por esa casa a punto de derrumbamiento y por los juegos de salón que estaban guardados muy por encima del aparador. Una vez la Ucha se desvistió en los armarios de la Guay(*) y no tuvo otra salida que compartir su gran secreto con nosostros: sólo un tiny winy cock(*) asomaba timidamente desde un bajo abdomen desprovisto de testiculos. Nadie habló más, pero siempre dejabamos que la Ucha fuera el primero en ponerse el traje de baño y el último en cerrar su candado philips. No puedo dejar de lado, una de esas fotografías que quedan grabadas instantaneamente para siempre (aunque no sean para nada fundamentales): yo parado con una T-shirt de I © San Francisco viendo como su hermana Sara, me observaba con ojos impávidos, como preguntandome ¿ Por Qué?. Otro que nos acompaño en la secundaria fue Martin Moguel: Un millonario norteño -amigo de Fernando, del cual no recuerdo ni su cara- afecto al billar junto al millar de hermanos identicos que poseía. Nunca hablaba, sólo era famoso por el bozo que dejó crecer hasta que un espeso mostachón adornó su redonda e infantil cara. Por detras, cerca de la ventana siempre estaba misteriosamente sentada con un tablón sobre las rodillas la llamada Negra de la Ouija. Con sus once años un día me atrajo a su inamovible sitio para prodigarme mi futura circunsición y el probable año de mi desvirgue, sólo acerto a una de esas 2 profecías. Aquel tablero diabólico -que vendían en Woolwoth y que mi vieja resguardaba encima del placard junto a las Sexshop News del intemperante Fabio- tuvo tambien dos nefastas incursiones en Horacio. Debutó en una velada profesional con fondo Vodoo, y finalizo sus funciones satánicas cuando en un trance no logró concluir la cadena de letras MEFIST... el terror superó toda nuestra curiosidad por el más alla. Y que alla se quedara. Triste fin, el que tuvo este pariente del capitan Kirk o Drake, aquel personaje con el que se comunicaba Linda Blair en el intro del Exorcista. La tabla abandonó aceleredamente aquel sacrosanto lugar -donde reposaba, para la tranquilidad espiritual de la familia- para ir por via directa hacía el tacho de basura mas cercano. Maleficio transitorio como aquella negra de mierda fue Rebeca Palombo: una gigantesca celestina de amores impropios para satisfacer a los más pequeños. Se encargaba de contactar las citas sin cobrar ni la comisión. Era la unica forma de participar indirectamente en alguna relación ya que a nadie se le hubiera ocurrido acercarsele sino fuera encima de un banco de varios metros de alto. Su preferido era sin lugar a dudas Luis Quiroga: pecoso degenerado, famoso por haberse revolcado con su hermana de sangre, aunque nadie se lo había preguntado realmente. Talvez la Palombo pensaba que esa historia fantastica se hiciera realidad sobre o encima de ella. Siempre a Luisito se lo podía ver en las duchas de la Guay mientras magica y alegremente se metía el pene hacía dentro, producto talvez de un nunca bien probado oscuro deseo travestiano.
Asi eramos. Y asi talvez dejamos de serlo ...

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Saturday, November 08, 2008

 

(03) 01/01/90 23:00 OEA-Farewell to Kings

A causa de un organismo internacional partimos hacía México. Las idas y venidas ya se habían hecho costumbre. Papá ya se había ido a Panamá 6 meses, pero distinto es cuando el movimiento lo afecta a uno. Cuando empecé lentamente a razonar, observé lo cabrón de la situación que nos había llevado a la emigración, por poco el loco se hubiera convertido en un triste sorete sobre los sucios escalones de la facultad. Si los montoneros se hubieran enardecido un poquito más me hubiera quedado huérfano en menos de lo que hubieran tardado en pasarle por encima. Yo estaba casi al margen de esos problemas, como un pez dentro del agua conviviendo con los juicios a los oligarcas pampeanos y oyendo en el escritorio -mientras dibujaba acostado en el piso- millones de puteadas contra el demonio Miranda. Asimilé fácilmente el odio, y aunque nunca conocí realmente a los hijos de su mujer Aleca logré detestarlos por todas aquellas truculentas historias que después logre reconstruir en mi memoria. Luisito era un Calígula como para poner los pelos de punta: asiduo al petemel(*) me cortaba el hilo del autito cada vez que podía; mató accidentalmente a su vieja, dejó semi sordo a mi viejo y torturaba a los pupilos(*) al serle concedido el privilegio de ser el favorito. Actualmente es un gran ladrón de material de construcción en Santa Rosa y dicen que puto renombrado.
Con semejante carta de presentación no creo haberme perdido de mucho.
La despedida vino naturalmente, naturalmente sollozando. Miles de lágrimas cayeron sobre la reciente mal hecha cirugía estetica del embaucador cirujano Yurie. Ezeiza desbordaba de familiares desperdigados, y asi, transé con una cruz que nunca usé y un cuchillo que perdí casi inmediatamente.
La llegada fue una mezcla de incertidumbre y riesgo. Oí la primera frase de un nuevo dialecto -desde los labios de un ser netamente moreno- dentro de un taxi de sitio que nos conducía a la calle Mississippi. -"Por que no se van el fin de semana a Cuernavaca"-. ¿ Qué mierda era eso ?. La impaciencia chocaba contra los vidrios.
El Chosno trabajaba cerca de Reforma a unas cuadras de Missisipi, en el tan después mentado C.I.CA.TUR. Todo estaba cerca para él, pero yo ni me atrevía a salir a la calle por miedo a perderme. De hablar con los demás habitantes de ese nuevo país, ni en pedo, mas cuando una cerda desconocida me preguntó sardonicamente al acorralarme contra la puerta del ascensor : -"¿ Y tú, cuantos años tienes guerita ?"-. Por aquel tiempo a lo único que me asemejaba -por tener pelo largo y carecer de un tono oscuro en la jeta- era a ser una linda rubiecita. Mamá me tuvo que cerrar la boca para evitar que le demostrara a la señora que había cometido un error imperdonable para el orgullo de esa bestia confundida de sexo.
Por esos días antes de cambiarnos a la avenida Horacio, retomé mi interrumpida instrucción en el fastuoso e infame Ramón & Cajal, consumiendo a la par de los libros de la Secretaría de Educación Publica millones de toneladas de dibujitos animados doblados al mexicano sin todavía poder maniobrar con el color electrónico de un nuevo aparato de T.V. El blanco y negro se continuaba sin que yo lo supiera.
Esos eran los días de mis primeros vómitos con el Tio Gamboín(*).
 

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Wednesday, November 05, 2008

 

(02) 01/01/90 22:30 Preface-1st Childhood

Me gustaría en escasos minutos llegar al límite de lo que presuntamente abarcaría mi memoria, tratar de comenzar a recordar cosas de mi vida como en una especie de documental instantáneo. Considerando que la cronología de hechos me es inaccesible, me restringire a mezclarme en mis propios tiempos. Como todo comienza por un nacimiento, nací en esta maldita tierra gritando seguramente : ¡¡ Puta !! en vez de Mamá. Asi, mi boca continuó siendo una cloaca infecta que incrementó su tamaño y grosero léxico hasta conceptos inconmensurables. Poco recuerdo hasta los 8 años (edad en donde uno cree que comienza a racionalizarse) pero sin temor a equivocarme tengo presente el siempre estar metido entre las faldas de las protectoras hermanitas Ulloa. Mi vida transcurría plácidamente en alguna aula del kinder las Palomitas, mientras me atiborraba consetudinariamente de carne y pure; apoyándome sobre una estufa color azul claro (sin importar en este caso una estación especifica para el uso habitual de comer, mientras que si fuera causante de una quemazón de 2.do grado a mi madre durante un gelido invierno causa del termostato dérmico distorsionado del que nos daba de comer). Miraba a Diego De La Vega, y moría de terror hasta el punto de aprender a cerrar los ojos al comenzar las propagandas (gracias a un circulito imperceptible y avisador), por si aparecía aquella temible figura Frankensteniana del espiral Fuyi. Mi madre -always sobreprotectora- me mintió en el momento justo en que esa escena aparecía; todo terminó por fin para mi tranquilidad gracias a una encuesta de la revista Gente. Resultado : el comercial fue prohibido. Por lo menos se cumplió aquello de: "Mal de muchos consuelo de tontos", no sería el único pelotudo en la historia que me cagaba de miedo por una caripela macabra y morbosa. Otro terror de la caja idiota era la gigantesca figura de Mercedes Sosa en los conciertos de los domingos a la noche . El tono de su voz aún no pude superarlo, ya que actualmente en vez de miedo, me da una agonica y amarga pesadumbre.
En la sala de párvulos me creía no sé cual de los 3 Stooges(*) mientras que en los días inhábiles mezclaba no sé en que proporción : la limpieza histérica del primo Popi en el barco, con la bizarría estructurada en la quinta de mi Abuelo Fred Flintstone(*). Siempre manteniendo insoslayable el objetivo de ser centro de atracción de todos los adultos; producto de ser el primero de la lista obtuve el mote de Brutosky a temprana edad, aprendía sin meditarlo guasadas para un distorsionado divertimento único. A los 5 años era habitual oír una voz chillona :
-"Al vopol, recien tiré, bue-noo00 !! ..."-
En Padua nadaba hasta que se me arrugaba la piel, escuchaba las canciones del tio Medici (del tipo Copani, aunque con mejor estilo), aprendía a mamar la pasión del crocket aunque odiaba perder, tragaba asados enarbolados por la dizque(*) experiencia del abuelo. Siempre rodeado de los amigos del nombrado por aquella época Tio (aunque después eliminé de mi vocabulario los títulos de nobleza familiar) y junto con la numerosa e infaltable parentela italiana, me sentía a mis anchas para ir y vemir, saltando los tapiales entre las casa interconectadas. Nada recuerdo de idas al campo (solo una y debido a unas fotos en blanco y negro) o a Mardel o a Córdoba; lo importante era San Antonio, tanto como lo era el canino Bam-Bam o cuando la basura de Cores se dignó a pegarme a mi y al chancho Horacio -actual ex-Drogón- para proteger a sus futuros hijos postizos.
Padua era aglomerarse. Ir al Alax era como aislarse. Mi padre gozaba (aunque para Popi sólo era un simple grumete) en todo lo que podía hacer o deshacer dentro de ese barco. Sólo zapatillas de goma podían tocar el barniz de aquellos metros de slora. Todo comenzaba con el ruido de los remos desde el embarcadero del semi derruido club YPF; un gordo botero hincaba el agua diarreica sin cesar, sin hablar, sólo pudiendo oír el agua resbalándose por la madera prolongada de sus brazos. Había siempre mucha gente distinta cada fin de semana, casi todas hembras recauchutadas y disimiles propiedad de nostálgico aquel ex-Play Boy que se creía (silenciosamente) capitán. Pero haber roto la banca en Montecarlo había quedado años atras, sólo quedaban el perro Ladiyo-Ladrillo, 6 huevos históricos en un atracón, los vómitos del grumete durante las tormentas o el bote de goma negra para llegar a la arena de la barra de San Juan. Ni siquiera se me pasaba por la cabeza el fenómeno físico, sólo mecánicamente sabía que mover a la izquierda dirigía la embarcación en sentido contrario a la acción mecánica. Alguna que otra vez varábamos; todos se desesperaban, pero a mi mas me tranquilizaba mientras mas pasaban las horas sin que la marea nos rescatara : era mejor. Pero todo se cortó. Despues me enteré que a la Barra la clausuraron por que un inadaptado argentiniano puteó al excelentísimo señor Presidente del Uruguay que trataba de explicarle que en esa área no era conveniente prender fogatas inmensas. “¿ Y vo quien mierda sos ?”.No fue ni necesario que le contestara un decreto poderoso vale más que una sola palabra. Algo sucedió o tal vez lo soñé; mi obsesión por la del medio de los Traverso(*) seguramente me hizo recrear un inconsistente “Deja Vu”, creo que estuve metido con ella en el baño del Alax. Quien diría que después experimentaría un triple de rebotes con la que se apretujaba conmigo en torno a un imaginario bidet.
Lo más melancólico era la vuelta. Pizza en algún tugurio, el pato Donald bajo el brazo y la melodía del chiquilín de bachín resonando en mis tímpanos. El Domingo expiraba suicida y el inicio de la semana se aproximaba irremediablemente. En México no hubo nave, tan sólo un Sevylor con 1.5 HP fuera de borda para flotar en el lago Guadalupe, en el que sólo hombres eran permitidos. Se pinchó en Barra de Navidad y su destino fatal fue desaparecer en la mudanza, repleto de Chivas Regal y Playboys acuñadas en mi adolescencia.
Lindo pedo con pajas habran gozado los negros de mierda de la mudadora ...
De los amigos de la nunca bien ponderada escuela Mitre -que era una mierda transitoria por un futuro (pero inexistente) víaje a España para el que pagaba mis colegiaturas- recuerdo muy fugazmente al alfajorado Georgie Carbonnell y al pecoso anglosajón Jonathan; a María Jose -actual profesional en Física y recordada yegua infantil (ídem a sus hermanas que fueron culpables de mi primer incursión a un ruedo de baile)); a María Antonieta, por la que me extasiaba en el deporte de verle las bragas siempre que podía (mi primer gran amor frustrado); a Veronica, una de las primeras e infinitas calenturas originadas por la estrechez de un suculento yumper. Mi maestra de 3er grado también aportó parte para esta precoz degeneración que junto a la sensual imagen del Shock(*) recalentaban mis impúdicos instintosirrealizables. Como se equivocaron cuando decían que cuando yo llegara a edad de merecer, la Su Gimenez sería una vieja de mierda. Milagros de la conservación quirúrgica, lastima que no pudieron evitarle una tangible embolia cerebral.
Recuerdos imperceptibles aparecen como el Pelo-Baba: aquel cuento con el que gozaba mi viejo atemorizándome; y pensar que con los años tuve que estudiar todo el maldito ciclo biológico de aquel extraño musgo sureño (que luego resulto ser un parasito). El miedo a lo desconocido lo asociaba necesariamente con la muerte, algo que siempre me agobió desde que me di cuenta que la parca existia, que no era de mentira como en las series de televisión. Pensaba que si en un momento desaparecería como sería con otra cara y en otra familia de rasgos distintos en la que tendría que volver a aparecer. Pero poco me duraba la agonía cuando bajaba a alta velocidad con el karting por la pendiente de Guido para ir a comprar Anteojito y Billiken; y consumir Jacks solamente por la misión de conseguir algun muñequito dificil e inexistente. Después logré una acomodada tecnificación con reparto a domicilio y algún paje que me ofreciera aquellas sabrosas viandas directamente a la boca. Fantaseaba con mi numerosa colección de Matchbox desbarrancando a un probable tripulante con la jeta de un odiado Miranda, indudablemente producto de estar siempre metido en las conversaciones de los adultos.
El recuerdo mas vívido fue el acogedor cuchitril de Guido 2441 5.to piso 11 (que por si me perdía fue necesario memorizarlo): techos, vigas y recovecos. Siguen presentes el cuarto con escritorio, al lado de unos pinches afiches con animalitos alusivos debajo de mi pequeño lecho donde creía que mi angel de la guarda se desvanecía cuando yo me volteaba y cerca de la caja de madera con rueditas para ver Sábados de Super Acción -desde hace 25 años continuados. El baño con azulejos de distinto color, y aprender por imitación a lavarme las patas como noble gallego por la eterna ausencia de calzado (causa tal vez de algún incierto ancestro oriental.) El toca discos donde habré pasado el único disco que compraron de la Luna de Canela; y la mesa para que nunca me salieran las putas divisiones cerca de la puerta donde se dejaba el pasto para alimentar los dromedarios de los Magic Kings. Lo que me intrigaba era como mierda hacían para entrar todos en la noche del 5 de Enero por el diminuto ascensor del edificio bajo la tutela de Nieves, la portera.
Oía continuamente las mismas pelotudeces de las Ulloa que descendían en años hasta estar a mi par; tal vez esa fue la causa por la que nunca develaran su verdadera edad. Llegaron hasta el punto de fraguar documentos y actas, olvidando todo lo acontecido en la época donde ni habían nacido los que las rodeaban, o escondiendose tras las puertas para ocultar que no se habían jubilado. Siguieron firmes e irrevocables hasta la expiración de sus respectivas vidas, siempre correctas nunca se quedaban mas de un minuto al arribar el jefe de familia. Me buscaban a la salida del colegio alabando mi ridícula combinación de corbata amarilla y suéter marrón, escupiendo semillas de uvas en las tardes semisoleadas de plaza Francia. Constantemente se dirigían a mi como su bichito de luz que ya en el 1er home-live(*) aseguro que el apodo llegó a hartarme. Las viejas jóvenes -grandes adoradoras del sol cual caimanes- suplantaron perfectamente a mi desaparecida abuela materna para comodidad de mi agotada Madre, que se deshacía de la bestia por largos periodos.
A grandes males, pequeñas soluciones.
Comía una vez por semana aquellos ñoquis a la Batman en lo de la tía Alcira por Junín y Melo. Al entrar al sombrío hall recibía uno de los besos babosos de Mama Rosa, de los que tarde o temprano me limpiaba sin que nadie se diera cuenta (religiosamente dándome vuelta para que ella no se ofendiera, ya que era imposible que evitara ensalivarme por la falta de dientes verdaderos). Los olores los registro perfectamente : rosas viejas en el vestíbulo de Junín comparado con el de naftalina en la oscuridad interna de Azcuenaga. Por aquella época tenía otras de las miles de preocupaciones que se recreaban sin cesar, como reaccionaría cuando mis degenerados primos me llevaran a desvirgarme tan sólo para ridiculizarme. Osvaldito, un sábado trató de llevarme al cine; pero al pensar yo que la pelicula era condicionada, me negué estoicamente pensando que para no ser gozado, al menos protegería mi pura inocencia. Eran ni siquiera conflictuantes el portero Máximo de Junín -alías Mínimo- y los helados de Santos cerca de la plaza de Pueyrredon que no me convencía del todo. Las plazas nunca fueron mi perdición. Lo mejor del inmenso Junín era una paraguaya degenerada que se dejaba toquetear sutilmente las piernas por diminutas garras ansiosas de placer prohibido mientras Napoleón trinaba más enloquecidamente que nunca. Habrá flasheado tanto que hasta me mandó un Patoruzito de regalo para México. Lastima no tener el miembro mas crecido; hubiera sido una inolvidable y merecida desvirgada.
Mi grandes entripados sociales eran que nadie me hubiera enseñado a comer correctamente, ni poder atarme los cordones debido a la zurdera de mis progenitores; Graciela me liberó de mi martirio sólo por la gracia de ser diestra. La escuela no me enseñó únicamente a escribir imaginativas composiciones -producto de mi menoría al leer una y otra vez el Billiken- sino que casi al final aprendí la palabra Cojer y con ello la típica seña de la argolla ensartada. Me obsesionaba la técnica, ¿ Como se hacía: parado, agachado ?. ¿ Como mierda… ?.
No entendía nada de las eróticas historías del hermano mayor de Georgie Carbonell pero entendía que su hermana Silvina estaba mas que buena. Ella hizo de Liza Minelli mientras que yo fuí un cowboy borracho en la fiesta de fin de curso. Si los indicios siempre se cumplieran, ella seguramente sera prostituta, ya que mi papel con los años lo aprendí a la perfección (y sin necesidad de libretos insulsos). Mi último recuerdo escolar fue en la ambarina combi escolar, cuando mis compinches de desventuras se despedían con un melancólico e imperturbable"HASTA NUNCA". Y lo peor de todo era que tenían razón lo muy hijos de puta ...
Pero mi mas grande frustración era oír a mi madre cuando decía "JODETE" por algo que me había advertido varias miles de veces. No me importaba el dolor de alguna caida o un shock eléctrico; me enervaba el momento de oír esas palabras de sentencia; además de la típica amenaza de mandarme al reformatorio mas remoto. En ciertos momentos llegó hasta armarme la valija. Mi padre. en cambio, siempre se mantenía al margen: sólo 2 recuerdos de castigo que demostraban una oculta autoridad. El primero cuando intentaba pasarme a la cama de ellos. Después de 2 veces que no encontré el abrigo de los brazos de mi Madre -del lado del placard- la solución para no pasarme jamas, fue un torrente de h2o fría directo al hipotálamo con una respuesta inmediata hacia la calma. Sólo me pasé -y a otra cama que no era la de mis padres- cuando ya era un poco mayor (y bastante) para semejante desprotección, por los lechos de Bustamante en los aburridos home-lives de vacaciones largas de verano. Perjuro que jamas consideré alguna implicación erótica. El otro caso de tortura paternal fue un proyectil Danone(*) que hizo blanco directo contra mi pecho desprevenido por alguna rotura encubierta pero descubierta. Loli y el Chosno, siempre fueron grandes hincha pelotas en distintos procedimientos para un mismo fin, pero igual los quiero: la sangre llama a la sangre. Que le vamos a hacer.
Algunas trivialidades vuelven a mi cabeza desconectadas y sin sentido. Un cuentecillo del estilo de la hormiguita : un relato insulso pero eficaz de la "Flaca (actual "Zapan" alias la "ex Culo de oro" -por tirar abajo una pared cuando Guido estaba en construcción- y creadora del baile egipcio post moderno) Mable". Sus dedos rozaban mi piel, imitando el camino hacía un hormiguero congestionado.
El esfuerzo memorístico hace imposible una recopilación completa, pero a algo voy a llegar ...
Mi 1er viaje al exterior fue al Brasil con el metódico tio Medias(*), su novia Grace -escapada de su madre- y una suerte de disfrazado chaperón, su futura cuñada Monique. Por ese entonces lo había tomado como modelo y hasta lo imitaba al manejar mientras asistía a mi primer rotura de parabrisas en una ruta desolada. Después se sobre saturó de psicoanálisis, hostigandome con mi complejo edipico, corrigiéndome hasta el hartazgo cada mínima palabra que salía de mi boca como si perteneciéramos a la Real Academia de la Lengua. Siempre fue mas seco que bragueta de fraile, no tenía hijos por ese entonces y era obsesivamente estricto al tratar de imponerme una educación esmerada. Todo se unió como para que se me viniera abajo: sus hijos típicos burgueses-insoportables-caprichosos-sobreprotegidos hicieron lo que se les vino en gana y al no poder ejercer ni un ápice de autoridad, su perfecta dialéctica se la tendría que haber hecho rollito, ya que ni siquiera fue capaz de soportar a su propio Padre: un verdadero monumento a la bestialidad. En casa de herrero cuchillo de palo. Toulousse, bajó los brazos y se entregó. A pesar de todo no puedo dejar de reconocerle que nunca embaucó a nadie, aunque siempre se extasiara con esas complicadas concepciones de como debían ser las vidas de los demás. Nuevamente se confirma que de vez en cuando viene bien cerrar un poquito el orto. Eso no quita que sea un buen tipo e incagador, aunque igual eso de nada le servirá en su próxima función de útopico guardabosques.
Cerca de Petropolis asistí a su primera transmutación de hombre-lobo: las alergias lo desfiguraban hasta obligarlo al aislamiento, se encerraba no pudiendo seguir oyendo aquellas indescifrables palabras cariocas de fondo en el bar Tip-top mientras los sanos tratábamos de digerir la feishoada(?) con abakashi(?). El alojamiento estaba a cargo de una (para mis años) innoble madama brassuca, con la que me negaba a estar no mas de un minuto a solas, causa de los cuadros kamasutríanos que la rodeaban y su tremenda obesidad, por aquello de que una cosa lleva a la otra. Además no podía evitar el alejarme del chaperón, que inocentemente me exacerbaba desconociendo mis pecaminosas intenciones. Lo peor era que sólo me quedaba con las ganas de un envión aunque fuera, mi timidez (que comenzaba a evidenciarse) y mis escasos años me impedían mover hasta el más escaso músculo. Como siempre, me duró la congestión mental hasta que logre reemplazarla por otra de mi edad -una menina playera- que no se ni como estaba y menos como se llamaba. Eramos tan jóvenes....
Logré insolarme lejos de Pelotas, surfear por primera vez con un telgopor en el mar de Copacabana y nunca entender demasiado bien que era eso de tantos negros enloquecidos (y casi en bolas) por un ensayo de mierda. Eso era el carnaval. Simple, pibe

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Monday, November 03, 2008

 

I- BRUTOSKY (01) 01/01/90 22:00 Introduction

1+ dia fatídico desgraciado interminable. 14-VI-65 / ... ? BS.AS.-MEX-BS.AS-... ? (catrilo actually)
Introducing : Beethoven (The Mexican Bule)


Nota de la redacción : la duración de la recopilación es de 26 años, cantidad mas que suficiente para toda mi pinche(*) vida. Esta parte es una casi transcripción del original. Solo cambié el tiempo de verbo, porque lo que en su momento fue presente hoy ya es pasado. Lamentablemente.

<<>una maravilla (A.M.), una puta (F.T.), una boluda (C.), un meado (L.), un enorme culo con cara palída (L.A), unas chichis(*) enruladas (X.B.), unos super chamorros(*) naranjas galopantes (L.S.), una simil de Carrie con toneladas en el obus (V.B.); tanto como una simple redhead (A.B.). Pero .. Eran demasiadas. No me servían, eran carne para el entreacto. Nada mas.Tan sólo recondandolas sobrevenían, pero no como ideas sino imágenes machacantes.

Por otro lado cada día me amargaba mas, me convulsionaba frenéticamente; la situación en nuestra nueva casa de Buenos Aires era un desmadre. Entre el ruco(*) y su esposa -a la que no le gustaba mi barba o el aro o las zapatillas sucias o todo lo que se relacionaba con mi persona- sólo podía estar hasta la madre(*). Pero como siempre, me desviaba de la razón de esa fecha de mediado de mes elegida para empezar a escribir. La razón era que el Lugo(*) llamó por teléfono de la fabrica de alimentos desde México; esto fue lo que realmente me decidió a plasmar las vivencias en una hoja de calendario Morgan, ya que cada día extrañaba mas adonde había pasado mi infancia. Y si no lo escribía lo perdería en algún cajón que se clausuraría tarde o temprano en mi memoria. Aca a lo lejos, sólo tenía peleas con el Forrex a causa de viejas inexistentes; y todo eso me convencía que cada día lo viera mas como su apodo indicaba : con una pizca de tocado, un tanto de jubilado y dentro de poco extremo climatérico o bien me ensimismaba en recuerdos remotos como si estuviera senil en plena adolescencia. Tampoco eran ideas útiles que pudieran servir para atraer la atracción de los demas.

Lo único reconfortante que me pasaba, era que por suerte se habían eliminado las putas equivalencias, aquel angustiante salvoconducto para despues sufrir 6 hermosos años de rompimiento de ano constante sin interrupción. Algo menos de que preocuparse. "Cest la vie" -pensaba y quería seguir con algo que diera fuerza a mis palabras- pero "Realmente ..." y ahí me detuve, no sabiendo como reto- mar el hilo del relato mientras me estancaba en el inodoro cagando con una hojita de calendario Morgan entre nubes pestilentes de defecación. ¿¡ Que mas podría decir !?. Todo seguía igual y aburrido, pero increíblemente cada día quería mas lola. Esto se tornaba tan cabrón(*) que dentro de poco cada parte de mi estallaría cual boiler(*) del año '50. La biblia junto al calefón. Eran días contentos, días tristes; días de suave rutina pero ¡¡ NO, NO, NO ??; dentro de poco todo tendría que cambiar como en las telenovelas de la Castro; y la joda no pararía hasta que la verga se cayera o el hígado suplicara por favor : ¡¡ Basta de tanto chupe !! (O esas 2 cosas eran las únicos alicientes que me mantenían a flote). Esperaba que el mal trance por el que circulaba pasara pronto, por que estaba tan podrido que no le encontraba ningún sentido a todo lo que alcanza percibir mi astigmatismo.

Seguía siendo el día numero 17 -como cuando en realidad había empezado y no sabía como ordenar coherentemente las ideas para los desconocidos que estuvieran detrás de la hoja- y cagándome en todo continué a las patadas porque no podía postergar mi ansiedad para recomenzar desde ese "Realmente" en el que me había detenido.
Espero que todo funcione. Adios motherfuckers.

P.D.= Juan Paulo empezó a tisarse (*), Lugo sigue igual.>>

Y así empecé, como una forma de descargarme; aunque al principio no supiera bien acerca de lo que escribía, tan sólo con la necesidad de llenar las hojas de una libreta. Era una forma de "acabar" sin complicaciones; el único culpable era yo mismo. Lo de abajo o lo de arriba ni importaba.

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